Soñar no cuesta nada

Noviembre 26 de 2015

En el pasado todo era más sencillo y menos efectivo. Los investigadores y sus grupos de trabajo, siguiendo un principio de autonomía y sintiéndose los sabios, se podían dar el lujo de partir de sus ideas y desarrollar procesos de investigación que, aunque generaron nuevo conocimiento, publicaciones y satisfacción personal, poco han contribuido a la sociedad, en términos de mejoras de la productividad y la competitividad de actividades productivas.

En la cultura de las universidades y los centros de investigación ha primado la iniciativa individual, disciplinaria, con comportamientos unidireccionales y de arriba hacia abajo en la ‘identificación de los problemas y propuestas de soluciones’. Y las supuestas soluciones, a veces simplemente ‘no encajan’ en los sistemas de producción y las realidades sociales y locales, generando, por ende, poco o ningún impacto. Y mientras tanto, el mundo y la manera de gestionar conocimiento van por otro lado.

Más grave aún es que los laboratorios, los salarios y los bienes y servicios consumidos en los procesos de investigación y desarrollo son mayoritariamente financiados con recursos públicos del presupuesto nacional, transferencias, regalías y parafiscales, por lo que debe prevalecer el imperativo de que se maximice su aprovechamiento en función de mejorar nuestra sociedad y su aparato productivo.

Corpoica, con apoyo del Ministerio de Agricultura, Colciencias y el BID, y partiendo de la Agenda Nacional de Ciencia y Tecnología Agroindustrial, realizada hace un par de años, viene facilitando la construcción social, a la mejor usanza de los países de la Ocde, del Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación para el sector Agropecuario (Pectia), que ayudará a orientar la inversión que hará el país en la próxima década en esta materia y que permitirá evaluar periódicamente sus efectos en mejorar la productividad y sostenibilidad de la producción agropecuaria.

Hasta el momento, unas dos mil personas del nivel nacional y territorial, que incluyen productores, gremios, compradores y vendedores, gobiernos y sector académico y de la investigación, vienen identificando sus problemáticas y priorizando sus necesidades desde lo territorial, teniendo en cuenta las señales de las cadenas de valor, los mercados y las grandes tendencias y retos como el cambio climático, las TIC y las nuevas herramientas biotecnológicas, entre otras.

Las discusiones –que continúan e involucrarán muchos más actores– también identifican temas claves como las capacidades actuales, la oferta de tecnologías y conocimiento, las necesidades de formación del capital humano, y ayudan a conformar una especie de ecosistema de innovación solo con el hecho de que diferentes actores se reconozcan y comiencen a pensar en abordajes colaborativos que puedan generar mejortes soluciones y más pertinentes.

A finales del año, el país contará con una versión 1.0 del Pectia, un borrador que necesitará ser validado con los nuevos gobernantes en los territorios y que requiere generar un fuerte consenso alrededor del mismo, tanto por parte de los rectores del sistema de competitividad, ciencia, tecnología e innovación, como por el resto de agentes, para que pueda cumplir sus propósitos. Si el Pectia ‘pega’ y logra la legitimidad y gobernanza requeridas, es mucho lo que puede ayudar a orientar y mejorar la tan necesaria competitividad y productividad del agro colombiano. Sería un sueño convertido en realidad.

Si le interesa saber más, en la plataforma Siembra, del Ministerio de Agricultura (www.siembra.gov.co) encuentra todo sobre el Pectia y cómo participar e influir en la conformación de este. Hágale.

Lea la columna original en Portafolio

 

Juan Lucas Restrepo I.

Director Ejecutivo de Corpoica

@jlrestrepo

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