A mover los indicadores del Agro

Portafolio Noviembre 6 de 2013

Inicio con este escrito una serie de artículos sobre el sector agropecuario colombiano con la esperanza de aportar una perspectiva adicional al debate sobre el futuro de lo rural y de sus habitantes. Espero hacerlo no como una columna en la que me otorgue licencia para hablar lo humano y lo divino sobre las dolencias del agro, sino desde la óptica de la productividad y lo que la ciencia, la tecnología y la innovación aportan para mejorar su desempeño.

Antes de que los grandes expertos me caigan encima, quiero aclarar que la soluciona las dificultades actuales del campo incluyendo sus mejoras en productividad, requieren de aproximaciones integrales que pasan por resolver falencias en infraestructura productiva, en vías, salud, educación y vivienda, en ajustes a la institucionalidad nacional y local, en la financiación, el mercadeo, el estatus sanitario, los costos de los insumos, los precios y las fallas en el mercado de tierras, la tasa de cambio, la asociatividad, etc. Estoy convencido que si no movemos los indicadores de los sistemas productivos dentro de la finca, el impacto de todos los esfuerzos repercutirá negativamente en el crecimiento y las condiciones de vida de los productores.

Colombia enfrenta una crisis de productividad en el agro. En buena parte de lo que producimos somos autosuficientes frente a nuestros niveles de ingresos y consumo; arroz, papa, leche, carne, aceite de palma y muchos otros productos atienden el mercado nacional y cada vez que producen excedentes se generan enormes dificultades en su comercialización ya que sus costos de producción no dan para exportar. Somos autosuficientes en pollo y cerdo, pero requerimos la importación de maíz y soya.. En buena parte de las frutas y hortalizas suplimos nuestros bajísimos niveles de consumo, pero cada vez hay más productos importados en los supermercados. En café perdemos competitividad frente a otros productores mundiales y los precios en ocasiones no cubren sus costos de producción. En algodón, nuestras áreas se reducen sistemáticamente. Solo en pocos productos como la caña de azúcar, hay mejoras permanentes en productividad y somos eficientes internacionalmente.

Esto significa que enfrentamos un equilibrio precario en nuestro sector. Las 4,3 millones de hectáreas cultivadas y las 30 millones de hectáreas en ganadería son lo que nuestro mercado interno admite. Cada hectárea adicional de cultivos con los indicadores de hoy aprieta al resto en la medida en que su oferta sea para atender a los colombianos. Cada contingente de importaciones, así sea pequeño, también aprieta. ¿Qué hacer ante esta situación? Una opción es proteger el estatus quo como muchos señalan, lo que se logra encerrándonos y creciendo endógenamente al ritmo de nuestra economía y a costa del bienestar de los más pobres. La otra, es hacer un enorme esfuerzo en productividad que reordene y especialice el territorio, blinde el mercado local al producir más competitivamente, remplace importaciones y le permita al país atender un mercado mundial de alimentos aprovechando que nuestra frontera agrícola es de las pocas en el mundo que tiene espacio para crecer.

Escribiré siempre sobre productividad. Sobre cómo en la ciencia, la tecnología y la innovación, cenicientas de los últimos treinta años de la política agropecuaria, está buena parte de la solución para pasar de lo que hoy es un drama a la generación de valor económico y social en el campo colombiano. 

 

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Juan Lucas Restrepo

Director Ejecutivo de Corpoica

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