Uchuva ‘forever’

Portafolio Mayo 7 de 2014

La semana pasada, Aphis, la entidad homóloga del ICA en Estados Unidos, cambió los requisitos para la exportación a ese país de uchuva (cape gooseberry) cultivada en el altiplano cundiboyacense. En este mismo lapso he acompañado las mesas de diálogo entre el Gobierno y las organizaciones campesinas asociadas con el paro agrario y he escuchado las dificultades por las que atraviesan los productores del altiplano que cultivan papa, cebolla y tomate, entre otros. La uchuva puede contribuir.

En el 2012, Colombia exportó unas 6.563 toneladas de uchuva por valor de unos 29,2 millones de dólares. En ese mismo año, el país produjo, según Minagricultura, 11.273 toneladas, de las cuales la mitad se cosechó en Boyacá y casi 16 por ciento en Cundinamarca. El asunto se pone interesante cuando se analiza el destino de dichas exportaciones. Resulta que 94,3 por ciento del volumen se exportó a países europeos y solo 0,5 por ciento a EE. UU. ¿Por qué la gran diferencia cuando EE. UU. está más cerca, en teoría, seríamos más competitivos y ese debería ser nuestro principal mercado? Por los requisitos (medidas) fitosanitarios.

A Europa podemos exportar desde hace años con bajos requisitos fitosanitarios, ya que compartimos una plaga llamada mosca del mediterráneo. Estados Unidos, como no tiene esta plaga, nos exigían que las exportaciones debían hacerse dentro de una cadena de frío con tiempos prolongados para así evitar el riesgo de introducción de la mosca a su país. La cadena de frío es muy costosa y ha hecho prácticamente inviables las exportaciones.

Esto cambió, gracias al buen trabajo del ICA. Por años montaron un sistema de monitoreo de mosca en el altiplano cundiboyacense y desarrollaron estudios para demostrar que la uchuva producida por encima de los 2.400 metros no implica prácticamente ningún riesgo de acarreo de la plaga, por lo que Aphis tuvo que aceptar modificar su norma y eliminar el requisito de frío, manteniendo otros requerimientos sencillos, como la red de monitoreo y un registro de predios exportadores.

Es difícil predecir el tamaño del nuevo mercado de uchuva a EE. UU., pero se habla de que fácilmente puede doblar las exportaciones actuales; esto implicaría exportar unas 13 mil toneladas adicionales de producción, que necesitarían unas 900 hectáreas nuevas de este producto en el altiplano, cifras significativas para la generación de empleo e ingresos en los pequeños y medianos productores de esa región. Una linda oportunidad para aprovechar urgentemente.

Pero esto no es todo lo que hay que hacer. Resulta que la uchuva sufre de una enfermedad llamada ‘marchitez vascular’, causada por un hongo que a veces lleva a pérdidas totales de la producción y obliga a que el cultivo tenga que ser itinerante como forma de control. También hay una alta ocurrencia de rajado del fruto y la calidad de la uchuva que hoy se siembra es altamente variable en aspectos como tamaño y dulzura. A esto se suma una baja vinculación del conocimiento disponible a los productores.

Por eso, para que esta gran oportunidad se mantenga en el tiempo, la uchuva requiere que las universidades y centros de investigación respondan a estas demandas de los productores de manera eficiente y efectiva, y produzcan las variedades y la oferta tecnológica que necesitan para soportar su productividad. Al elevar la productividad y el estatus sanitario de la agricultura, este será, entonces, solo uno de los muchos productos que exportaremos, y le darán la mano a nuestros campesinos. Uchuva forever.

 

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Juan Lucas Restrepo

Director Ejecutivo de Corpoica

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